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Nadie
está solo
En
este mismo instante
hay un hombre que
sufre,
un hombre torturado
tan sólo
por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive,
qué lengua
habla, de qué
color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos
leen
mi pequeño
poema,
ese hombre existe,
grita,
se puede oír
su llanto
de animal acosado,
mientras muerde
sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado,
existe
en algún
sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes,
como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana
la sangre
bajo los golpes
ciegos?
Nadie está
solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a
ti y a mí
nos tienen maniatados.
José
Agustín Goytisolo (Algo sucede)
No
me pongas la capucha
Siento que mi pueblo
escucha
cuando canto lo
que siento.
Ganapán del
escarmiento,
no me pongas la
capucha.
No vas a conseguir
nada:
no claudico ni me
entrego
debajo del trapo
ciego
no está ciega
mi mirada.
Andá haciéndote
a la idea
de que pese a tus
sanciones,
tu miedo y tus precauciones,
te miro aunque no
te vea.
Mientras tiembla
tu victoria
que es de barro
y es de Pirro,
tu rostro de pobre
esbirro
lo he aprendido
de memoria.
Siento que mi pueblo
escucha
cuando canto lo
que siento.
Ganapán del
escarmiento,
no me pongas la
capucha.
Hay algunas leyes
viejas
que son casi permanentes:
en tu voz están
tus dientes,
tu nariz y tus orejas,
y en tu rencor asustado
y en tu alarido
del día
están tu
mirada fría
y hasta tu ceño
arrugado.
Te miro aunque no
es lo mismo,
te miro aunque no
te escupa.
Mi memoria es una
lupa
que repasa tu sadismo.
Mirá que sigue
la lucha
y sigue el pueblo
despierto.
No te suplico. Te
advierto:
no me pongas la
capucha.
Mario
Benedetti
Inventario
Poesía 1958-1978. Editorial Visor, 1980 |