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  Historia de los derechos humanos
Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma
A partir del momento que las distintas culturas acceden a la escritura y dejan testimonio de sus costumbres y creencias, podemos rastrear en sus textos los primeros esbozos de aquello que, a fuerza de evolucionar y perfeccionarse, al cabo de siglos acabaremos denominando derechos humanos.

Las primeras noticias documentadas que podemos considerar como precursoras de esta gran aventura corresponden al Antiguo Egipto:

"No he hecho daño a la hija del pobre."
Libro de los Muertos (III milenio aC); alegaciones de un difunto ante el tribunal de Osiris, con el objetivo de asegurarse la vida eterna.
"Observa la verdad y no la traspases, que no te lleve la pasión del corazón. No calumnies a ninguna persona, importante o no."
Enseñanzas de Ptahhotep (finales del III milenio aC); normas para facilitar la vida en sociedad destinadas al futuro visir del faraón.
"No te rías de un ciego, no te burles de un enano ni hagas mal a un cojo."
Amenemopet (ca 1300-1100 aC)
Pero es en Mesopotamia, también durante el tercer milenio antes de Cristo, donde aparecen por primera vez recopilaciones de normas, de forma sistematizada, orientadas a organizar la vida social. El Código de Urukagina (ca 2350 aC., conocido sólo por las referencias incluidas en documentos posteriores), y el Código de Ur-Nammu (ca 2050 aC., el primer código jurídico escrito que se conoce y que ya establecía jueces especializados, el testimonio bajo juramento y la facultad de los jueces de ordenar al culpable la indemnización de perjuicios), fueron los precedentes del Código de Hammurabi (ca 1700 aC), la compilación  jurídica más conocida de la Antigüedad, compuesta por 282 artículos que, además de normas referentes a los tribunales, contenía disposiciones sobre la familia y el comercio.

El Código de Hammurabi regulaba la conocida Ley del Talión. A pesar de que ahora nos parezca un principio extremadamente brutal, entonces supuso una verdadera innovación, ya que era una forma de poner freno a las venganzas sucesivas y sin límites a las que estaban expuestas las personas y los colectivos en casos de conflictos. La ley establecía una medida, discutible pero objetiva y de obligado cumplimiento, y con ella se deslegitimaba cualquier interpretación subjetiva de los hechos por parte de los implicados, y especialmente las consecuencias que pudieran derivarse de dicha apreciación subjetiva.

Los códigos o recopilaciones de leyes que fueron apareciendo durante la Antigüedad perseguían fines prácticos. Por ejemplo, la proporcionalidad de la venganza de la Ley del Talión limitaba las pérdidas humanas y materiales que acarreaban las sucesivas agresiones, de manera que al final el soberano, el legislador, salía beneficiado: conservando la vida de sus súbditos estos podían ser enrolados en el ejercito u obligados a pagar impuestos.

"Los primeros Estados, a menudo por razones egoístas, impidieron que sus gentes contendieran y lucharan (...) no porque fueran especialmente benévolos o demócratas sino por las mismas razones por las que un ganadero no quiere que sus cabezas de ganado se maten entre sí porque las pérdidas que podría representar para él son inconmensurables."
Steven Pinker. Redes, 26-6-2011
www.rtve.es/television/20110626/declive-violencia/442996.shtml (2011)
Esta particularidad, el avance de los derechos de las personas a causa de la coincidencia o complementariedad de los intereses estatales (o de las clases sociales dominantes) con los intereses de determinados colectivos o de la población en general, a lo largo de la historia se ha dado en distintas ocasiones. Como en el caso de la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, cuando, junto a razones humanitarias, un argumento determinante fue que entonces económicamente ya era más ventajoso (y socialmente más fácil de regular), el trabajo de las personas libres que el de los esclavos.

El Código de Hammurabi no distingue entre derecho civil y derecho penal, simplemente es una sucesión de leyes que enumeran los posibles casos y lo que se debe obrar en consecuencia. Sí que distingue entre hombres libres y esclavos, y según la condición establece la pena.

"Si un hijo ha golpeado a su padre, se le amputará la mano."
"Si un señor ha reventado el ojo de otro señor, se le reventará su ojo."
"Si un señor ha roto el hueso de otro señor, se le romperá su hueso."
"Si ha reventado el ojo de un subalterno o ha roto el hueso de un subalterno pesará una 'mina' de plata."
Código de Hammurabi (edición a cargo de Federico Lara Peinado). Editora Nacional. Madrid, 1982
Después de Egipto y Mesopotamia, el siguiente referente fundamental es el del mundo helénico. Una de sus mayores innovaciones es la forma de organización social de algunas de sus ciudades: la democracia. La ateniense fue la más poderosa, estable y duradera (510 a 322 aC), pero no la única, ni el suyo el único modelo.
"Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros que imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor."
Tucídides (ca 460-396 aC), Historia de la Guerra del Peloponeso
www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/grecia/practicas/textosgrecia.html (2007)
La democracia ateniense se basaba en un nuevo concepto de la dignidad humana, en el hombre libre, el ciudadano. Pero ciudadano no lo era todo el mundo: la ciudadanía por un lado estaba restringida a sólo una parte de la población, y que por otro los miembros que la disfrutaban influían de forma distinta en las decisiones de gobierno, en función (según las épocas) de sus orígenes o de su situación patrimonial. Todas estas restricciones a partir de entonces serán motivo de debate y confrontación social, reduciéndose con el paso del tiempo los sectores excluidos (al margen de los periodos en los que ya entonces se producían involuciones que llevaban de nuevo a sistemas más o menos dictatoriales).
"La polis es una colectividad de ciudadanos, por lo que necesitamos saber quién puede llamarse ciudadano y qué es un ciudadano. La noción de ciudadano se presta a menudo a discusión, pues no todo el mundo está de acuerdo en llamar ciudadanos a las mismas personas."
Aristóteles (384-322 aC), Política, III.
www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/grecia/practicas/textossociedad.html (2003)
Las mujeres, los extranjeros y los esclavos estaban excluidos. En el caso de los esclavos, estos eran considerados imprescindibles para el mantenimiento del sistema social vigente: su condición no se cuestionaba, y tanto a través de los relatos mitológicos como de las reflexiones de filósofos y políticos se argumentaba que su razón de ser se sustentaba en una inherente inferioridad natural.

Por ejemplo, en la Odisea, podemos leer como Zeus sacó la mitad de la mente a los esclavos. Y Platón, recogiendo el mito homérico, afirmaba en sus leyes que en el esclavo no había nada de sano ni de entero. Aristóteles sencillamente  justificaba la esclavitud como parte necesaria del sistema socioeconómico entonces imperante:

"El que por una ley natural no se pertenece a sí mismo, sino que, no obstante ser hombre, pertenece a otro, es naturalmente esclavo. (...) Es preciso ver ahora si hay hombres que sean tales por naturaleza o si no existen, y si, sea de esto lo que quiera, es justo y útil el ser esclavo, o bien si toda esclavitud es un hecho contrario a la naturaleza. (...) Cuando es uno inferior a sus semejantes, tanto como lo son el cuerpo respecto del alma y el bruto respecto del hombre, y tal es la condición de todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza."
Aristóteles. Política (libro primero, capítulo II, De la esclavitud)
No obstante, ya entonces había voces discrepantes y el mismo Aristóteles se refiere a ellas: "Hay quienes tienen la opinión que el poder del señor sobre el esclavo es cosa fuera de la naturaleza". Desconocemos qué filósofos defendían estas posturas antiesclavistas, y posiblemente el hecho de que esta información no se haya conservado tiene relación con su contenido contrario a las estructuras de poder entonces imperantes, basadas en la existencia de la esclavitud. Podría ser que Aristóteles se estuviera refiriendo a Antifonte (480-411 aC), orador y filósofo sofista que defendía la igualdad entre todos los hombres, o a Antístenes  (444-365 aC), fundador de la escuela cínica, y a su discípulo Diógenes de Sinope (412-323 aC), contrarios a cualquier tipo de sometimiento social, no sólo el de los esclavos.

Quizás no existían posturas claramente abolicionistas, pero sí que en ocasiones se hacía patente el rechazo que generaba la esclavitud en algunas personas. Como en el caso del escritor de tragedias Eurípides (480-406 aC), consciente de que los hombres libres vivían gracias al trabajo de los esclavos y de que su sometimiento era injusto:

"¡Ay, ay! Qué mala es siempre por naturaleza la esclavitud, y cómo soporta lo que no debe, vencida por la fuerza!"
Eurípides, Hécuba
Si la institución de la esclavitud daba lugar a algunas discrepancias, con el modelo democrático ateniense ocurría algo parecido, siendo los casos más conocidos los de Platón y Aristóteles. El primero, perteneciente a la clase alta, defendía un sistema dominado por la aristocracia, y el segundo, dada su condición de extranjero y por lo tanto sin derechos políticos (era originario de Macedonia), un sistema dominado por las clases medias:
"La Democracia de Atenas es una democracia directa donde todos los ciudadanos son considerados con las mismas capacidades políticas, y, por ello, algunos cargos públicos son sorteados. Platón propone un sistema político más elitista (...) considerando que no todos los seres humanos tienen las mismas capacidades y, como es lógico, los más capacitados son los que deberían gobernar la ciudad (...) Aristóteles no compartirá la visión de Platón sobre la democracia, ya que será partidario del sistema democrático, pero crítico con la democracia implantada en la ciudad de Atenas. Así, afirmará que, del mismo modo que la virtud era definida como el término medio, la clase social que debería tener el poder es la clase media."
José Vicente Mestre Chust. Preguntas de filosofía. Bohodón Ediciones. Madrid, 2011
La administración de la justicia será también una de las grandes preocupaciones del mundo helénico, y se reflejará abundantemente en sus textos:
"Grábalo, hermano, en tu pecho: obedece a la Justicia y olvida por completo la violencia (...) Al que acata lo justo, el Dios que todo lo ve le da riquezas, y a quien ama los perjurios,  jura en falso, miente e impide la obra de la Justicia, sin piedad lo hiere."
Hesíodo. Los trabajos y los días. S. VIII aC.
"Escucharé al acusador y al acusado con la misma imparcialidad y emitiré mi voto sobre el objeto preciso de la denuncia. Lo juro por Zeus, Poseidón, Deméter. Si soy perjuro, que perezca yo y mi casa."
Demóstenes. Juramento de los heliastas en el "Discurso contra Timócrates" (Ca 353 aC)
El Código de Dracón (621 aC), es la primera recopilación de leyes escrita de Grecia; disponía que sólo el estado tenía la potestad de castigar a las personas acusadas de crímenes. Extremadamente severo, fue suavizado mediante el Código de Solón (590 aC).

Para entender todos los avances que se producen en el mundo griego hay que recurrir a su pasión por el conocimiento y su escepticismo ante las apariencias. El cultivo de la filosofía en Grecia supuso un punto de inflexión entre las sociedades creenciales (basadas en la tradición, las revelaciones, los mitos, la fe) y el alumbramiento de un nuevo marco intelectual basado en la lógica y la razón. Este dinamismo, además de impulsar el estudio de disciplinas como las matemáticas, la medicina o la botánica, se plasmará también en la reflexión sobre la moral, es decir, en el nacimiento de la ética como disciplina que pretende dilucidar, ante cualquier sistema de normas morales, cuales de estas normas son el resultado del razonamiento humano y cuáles no. Y este hecho es de una importancia capital en la historia de los derechos humanos, en la medida que da pie a cuestionar la legitimidad de un sistema u organización social cuando éste es arbitrario (por ejemplo, basado en la prepotencia del poder, en las revelaciones de la casta sacerdotal, etc.).

También es en Grecia cuando por primera vez se argumenta filosóficamente el relativismo cultural. Protágoras (485-411), el más conocido de los filósofos sofistas, cuestionaba la existencia de una verdad universal. Afirmaba que "el hombre es la medida de todas las cosas" y de ello deducía que cada ser humano ve "su verdad" desde su posición particular, lo que impide hablar de una verdad absoluta (unas afirmaciones por las que fue criticado por Sócrates y Platón). No obstante, al mismo tiempo, al basarse en el uso del método dialéctico y en el valor de los acuerdos democráticos, y al afirmar que la moral y las leyes son el resultado de convenciones humanas, los sofistas sentaron las bases del positivismo jurídico, en contraposición a las concepciones iusnaturalistas de los derechos.

El estoicismo, iniciado en Grecia por el filósofo Zenón de Citio (333 a 264 aC), a causa de su influencia sobre las culturas griega y romana, es otro de los referentes de la Antigüedad. Su doctrina filosófica de la ley natural, según la cual la naturaleza humana es la norma para evaluar las leyes e instituciones sociales, tuvo gran influencia en las legislaciones posteriores de Occidente. Afirmaba la compatibilidad entre la búsqueda de la perfección individual y la vida social, recomendando a su vez la ayuda a los más necesitados. Al considerar todo ser humano como parte de Dios y miembro de una familia universal ayudó a preparar la posterior difusión del cristianismo.

Las inquietudes intelectuales de la sociedad griega y sus reflexiones sobre las relaciones entre las personas se reflejarán también en el teatro. En este sentido, la obra más emblemática es Antígona. Su autor, Sófocles (496-406 aC), relata en ella la condena a muerte de Antígona por haber enterrado el cuerpo de su hermano Polinices, desafiando las órdenes del rey Creonte, que había dispuesto que permaneciera insepulto como castigo por haberse rebelado. Al ser descubierta, Antígona argumenta que las órdenes de Creonte son injustas, ya que no respetan las leyes naturales, que mandan enterrar a los muertos. Con esta obra Sófocles abre un debate que perdura todavía en la actualidad: el conflicto ente las leyes civiles (justas o injustas) y los principios morales de los ciudadanos.

Roma es otro de los grandes referentes de la antigüedad. Su mayor mérito consistió en reunir los logros de las civilizaciones que la habían precedido (griega, egipcia, fenicio-cartaginesa) refundiéndolos y expandiéndolos por la cuenca mediterránea y Europa. Roma fue una gran organizadora, y uno de los ámbitos en el que se manifestó de forma más poderosa esta capacidad organizadora fue en el desarrollo de un amplio cuerpo de leyes: el Derecho Romano. El Derecho Romano representó un avance capital en la concepción de la justicia y sirvió como modelo  para el desarrollo del derecho civil en los países occidentales, especialmente en la Europa Continental. El Derecho Privado actual, por poner un ejemplo, tiene como antecedente el Derecho Romano.

La Ley de las Doce Tablas (ca 450 aC) fue la  primera ley escrita romana. Hasta entonces el derecho en Roma había tenido un carácter sagrado: su administración estaba reservada a los sacerdotes, los cuales se basaban en rituales, sacrificios y visiones, con lo que la justicia estaba sujeta a todas las arbitrariedades. La redacción de las Doce Tablas será el punto de partida de la desacralización del derecho romano y la base remota del derecho del mundo occidental (sólo se conservan de forma fragmentada, a través de citas posteriores). La primera de las Tablas regulaba los procedimientos judiciales:

"Si alguien es citado según derecho, acuda. Si no acude, que se dé fe y que se le capture."
"Cuando pacten, anúnciese."
"Si no pactan, que lleven su causa al comicio o al foro antes de mediodía. Durante la exposición, que estén presentes ambos."
En algunos casos, contemplaban la Ley del Talión (Tabla VIII):
"Si le arrancó un miembro y no se avino con él, aplíquesele talión."
Como en Grecia, la democracia y la ciudadanía eran dos características del mundo romano. También como en Grecia, ambas se irán transformando con el paso del tiempo, desde los inicios monárquicos hasta la caída ante las sucesivas oleadas de invasiones. En el caso del derecho a la ciudadanía romana, ésta se irá ampliando progresivamente, una ampliación que no obstante no se producirá por motivos éticos sino políticos o estratégicos: apaciguar conflictos, consolidar las fronteras o aumentar los impuestos.

Otra de las instituciones romanas características era el pater familias. Su mayor novedad no eran las prerrogativas absolutas que concedía al cabeza de familia sobre los esclavos, mujeres y niños, considerados propiedades suyas igual que la casa o el ganado (algo coherente con las sociedades patriarcales existentes), sino el hecho que estas prerrogativas estuvieran detalladamente reguladas por las correspondientes leyes. Con el paso del tiempo, las atribuciones del pater familias también se fueron limitando, estando ya considerablemente limitadas cundo llegaron al poder los primeros emperadores cristianos.

Roma era una sociedad esclavista como la griega: su economía dependía de la esclavitud. En las épocas de expansiones territoriales, los prisioneros de guerra (cuando no eran degollados en el campo de batalla), pasaban a engrosar la numerosa población de esclavos, en gran medida destinados a la explotación de los latifundios que se iban creando, en poder de las familias dominantes.

"El enemigo, una vez abatido, cesaba de ser un 'sujeto' para convertirse solamente en un 'objeto'. El romano que lo había hecho prisionero le consideraba como una cosa propia: si estaba de mal humor, lo mataba; si estaba de buen humor, se lo llevaba a casa como esclavo y podía hacer con él lo que quisiera: matarlo, venderlo, obligarlo a trabajar..."
Indro Montanelli. Historia de Roma. Capítulo III, Los reyes agrarios. Plaza & Janés. Barcelona, 1971 (p. 40)

"Volcábanse esclavos en Roma como un caudaloso torrente. Cuarenta mil sardos fueron importados de golpe en 177 y ciento cincuenta mil epirotas, diez años después. Los 'mayoristas' de esta mercancía humana iban a acapararla siguiendo a las legiones que la suministraban y que ya habían alcanzado, al socaire de las catástrofes de los imperios griego y macedonio, Asia, el Danubio y hasta los confines de Rusia."
Ibid. Capítulo XIX, Los Gracos (p. 181)

Las sucesivas revueltas de esclavos de Etruria, Apulia y Sicilia durante el siglo II aC, y la más conocida de  esclavos y gladiadores acaudillada por Espartaco, son un síntoma del malestar que a menudo latía en aquella sociedad esclavista. En Apulia, donde se libró la última batalla entre Espartaco y Roma (71 aC), murieron más de 50.000 esclavos, y los 6.000 que fueron hechos prisioneros fueron luego crucificados a lo largo de la Vía Apia.

Además de la derrota en las batallas, se era también esclavo por nacimiento (cuando la madre era esclava), por haber sido abandonado al nacer (algo entonces relativamente habitual), o incluso como consecuencia del rapto y la piratería (que en ocasiones también se daba dentro del ámbito romano).

La Roma republicana fue una de las épocas históricas en la que los esclavos fueron tratados más duramente, pudiendo sus propietarios hacer lo que quisieran con ellos, ya que según el derecho romano no eran considerados personas, sino cosas, propiedades. Los esclavos no tenían ningún derecho, podían ser maltratados o incluso muertos por sus amos, sin que a estos se les exigiera por ello ninguna responsabilidad. En cambio, en la misma Roma, posteriormente, durante la época imperial, el trato a los esclavos se fue suavizando: la influencia del estoicismo y del cristianismo mejoró la condición de los esclavos, concediéndoseles algunos derechos, pero la misma institución de la esclavitud no era discutida, ni siquiera cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio.
 


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