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  Historia de los derechos humanos
Justificación 
El conocimiento de la historia es instructivo y provechoso cuando va más allá de la simple curiosidad o entretenimiento y nos sirve de referencia para transformar el presente. No es una tarea fácil, pero sí apasionante y al mismo tiempo necesaria: aprovechar las experiencias, las contradicciones, los aciertos y los errores de las generaciones que nos han precedido para corregir los aspectos del momento actual más injustos e insolidarios.
"En las sociedades humanas se aprende poca historia y se aprende poco de la historia."
Ferran Requejo, La Vanguardia, 26-7-2010
Al abordar el estudio del pasado o del presente nos podemos encontrar con distintas dificultades. Para empezar, el grado de fiabilidad de la información disponible. Es obvio que esta fiabilidad está condicionada por la tendencia, propia tanto de los individuos como de los colectivos, a reelaborar el propio pasado remoto o inmediato (en general sin ni tan siquiera ser conscientes de ello), expurgando o difuminando los episodios más incómodos y criticables y embelleciendo y sobredimensionando aquellos presuntamente más nobles y dignos de admiración.

No obstante, esta misma dificultad también se puede tomar como un desafío y llevarlo hacia el ámbito que nos interesa, el vinculado con el objetivo didáctico y transformador que se persigue. Fijémonos por ejemplo en el siguiente texto:

"La Historia de España es el relato de los hechos más importantes realizados por los españoles. Todo buen español ama a su patria y quiere conocer lo que hicieron sus antepasados y por qué lo hicieron. Lo bueno para admirarlo e imitarlo, y lo malo para evitarlo."
El texto corresponde a una historia de España para escolares de 1958 (1). El problema es que luego resulta que "los hechos más importantes" son listas de reyes y de batallas, junto a la apología de la expansión del cristianismo y de la lucha contra "los infieles y los herejes". Y "lo malo para evitarlo" se olvidaron de incluirlo, por ejemplo la participación española, durante más de tres siglos, en el comercio de esclavos africanos destinados a las colonias americanas (España fue uno de los últimos países en abolir la esclavitud de sus colonias, no lo hizo hasta finales del siglo XIX).

La primera conclusión es que los manuales de historia del nacionalcatolicismo español eran bastante tendenciosos. Igual que en general todos los manuales de historia de los distintos países, también los de regímenes democráticos (al fin y al cabo es sólo una cuestión de grado). Pero a partir de esta constatación se puede plantear la siguiente reflexión:si en todas las crónicas se orillan determinados hechos y colectivos, ¿quiénes son las personas apeadas de las crónicas de la actualidad? ¿Quiénes son hoy las personas marginadas, "invisibilizadas", cuyos derechos fundamentales no son respetados? ¿Cuál es nuestra actitud con relación a ellas? ¿Cuál es nuestra responsabilidad con relación a las circunstancias desfavorables que les tocan vivir? ¿Cómo nos juzgarán las generaciones futuras, cuando se interroguen sobre nuestras vidas y nuestras responsabilidades con respecto a las vulneraciones de los derechos humanos que se cometen en la actualidad?

Si estas páginas dedicadas a la historia de los derechos humanos, a pesar de sus limitaciones, sirven (aportando ideas, generando reflexiones, estimulando la acción transformadora), para sumar un grano de arena a la tarea de construir un mundo en el que los derechos humanos sean más respetados, el esfuerzo de su elaboración habrá valido la pena.
 

Información complementaria: en el apartado Objetivos didácticos.

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(1) Historia de España. Tercero y cuarto cursos. Compañía de Santa Teresa de Jesús. Barcelona, 1958
 



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