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  Historia de los derechos humanos
La esclavitud de los indios en las colonias españolas
Desde sus primeros viajes Colón abogó de forma insistente a favor de la esclavización de los indios, argumentando los grandes beneficios que de ello se podrían derivar. Su defensa de la esclavitud entraba dentro de la normalidad en aquella época, ya que entonces la esclavitud era una práctica habitual en todas partes. Por ejemplo, en el Mediterráneo musulmanes y cristianos se capturaban mutuamente, ya fuera para conservar los esclavos así obtenidos o para conseguir un rescate por ellos. Esclavizar "a los infieles" ("los otros" desde los respectivos puntos de vista), no generaba ningún reparo moral.
"En España, las últimas guerras entre la monarquía musulmana de Granada y los Reyes Católicos dieron nuevo auge a la institución de la esclavitud. Así, en 1481, el ataque moro contra Zahara (...) condujo a la captura de varios millares de cristianos, y en respuesta, el rey Fernando esclavizó a toda la población de la cercana ciudad rebelde de Benemaquez. (...) También prosperaba el comercio con esclavos de las islas Canarias. (...) en 1488 se redujo a la esclavitud a los habitantes de la isla de la Gomera, después de lo que se consideró como una rebelión, y lo mismo ocurrió en Gran Canaria en 1493, cuando Alfonso de Lugo conquistó la isla y capturó al menos a mil doscientos de sus habitantes para convertirlos en esclavos."
Hugh Thomas. La trata de esclavos. Ed Planeta, Barcelona, 1998 (p. 82, 83)
La esclavitud también existía en el Nuevo Mundo antes de la llegada de los colonizadores, y como eran muchos los pueblos y culturas que ocupaban el continente, también eran distintas las características de la esclavitud en cada caso. Esto sirvió de argumento a los colonizadores defensores de la esclavitud de los indios.
"Fue el Darién el punto del continente en que establecieron los españoles su primera colonia; y allí vieron que algunos padres vendían a sus hijos. Diversas tribus de aquella región esclavizaban a sus prisioneros de guerra; y sus amos, para distinguirlos, los marcaban en la frente con un instrumento encendido, o les arrancaban un diente, o, en fin, les teñían el cuerpo con una pintura que duraba toda la vida. (...) En las provincias que ya tenían alguna civilización, como México Texcoco, hubo leyes que regularizaron la esclavitud, determinando los diferentes modos con que el hombre libre podía perder su libertad. El que una sola vez, o por costumbre, hurtaba cosa de poco valor, y ni él la restituía, ni sus parientes la pagaban, era esclavizado. (...) En la región donde habitaban los mixtecas, se esclavizaba a los deudores insolventes. (...) Vendíanse los esclavos no sólo en lugares privados, sino en los mercados públicos; y la vez primera que los españoles entraron en México, vieron en la gran plaza de aquella ciudad muchos esclavos y esclavas en venta, sueltos unos, y atados otros a unas varas largas y con collares al cuello para que no huyeran."
José Antonio Saco, "Historia de la esclavitud". Ed. Espuela de Plata. Salamanca, 2009 (p. 350 a 354)
No obstante, de forma progresiva fue germinando entre los colonizadores la duda acerca de la legalidad de la esclavización de los indios (la cuestión de la esclavitud musulmana, judía, negra o de cualquier otro tipo quedó durante mucho tiempo al margen). Se inició un debate en el que se enfrentaron los intereses económicos de la Corona, los conquistadores y los colonos con las dudas crecientes de los mismos reyes y algunos teólogos y predicadores:
"¿Con qué derecho, con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansos y pacíficos, donde tan infinitos de ellos, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados sin dalles de comer y sin curallos de sus enfermedades? ¿Éstos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico?"
Antonio de Montesinos, dominico, 1511
www.dominicos.org/espiritualidad/dominicana/textos/galeria-de-personajes/antonio-montesino (2010)
Las actitudes e iniciativas protectoras encontraron también dentro de la misma Iglesia sus detractores, siguiendo en este caso los argumentos aristotélicos de siglos antes sobre la esclavitud:
"Una larga experiencia, en efecto, ha demostrado la necesidad de que sean esclavos, y no libres, aquellos que por naturaleza son propensos a vicios abominables y que faltos de guías y tutores vuelven a sus errores impúdicos. Hemos llamado a nuestro Consejo de Indias a los bicolores frailes Dominicos y a los descalzos Franciscanos, que han residido largo tiempo en aquellos países, y les hemos preguntado su madura opinión sobre este extremo. Todos, de acuerdo, convinieron en que no había nada más peligroso que dejarlos en libertad."
Pedro Mártir de Anglería, carta al arzobispo de Cosenza (1525)
www.corazones.org/diccionario/esclavitud.htm (2007)
Dentro de este debate, la publicación de la bula "Sublimis Deus" el año 1537 por el papa Pablo III, condenando la esclavización de los indios, supuso un hito y, desde un punto de vista teórico, zanjó la controversia:
"Determinamos y declaramos por las presentes letras que dichos Indios, y todas las gentes que en el futuro llegasen al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor."
La bula de Pablo III tuvo pocos efectos inmediatos, pero con el paso del tiempo las sucesivas disposiciones de la Corona española se fueron haciendo menos permisivas con la esclavización indígena, aceptándola primero en los casos de "guerra justa" (es decir, cualquiera desencadenada a causa de ser rechazado el Requerimiento, la exhortación a someterse o exponerse a ser sometidos a la esclavitud), luego haciendo sólo excepciones en casos puntuales de indios muy belicosos, para finalmente oponerse a ella en cualquier circunstancia, algo que sin ningún tipo de excepciones no quedaría claro hasta finales del siglo XVI:
"Que esta esclavitud existía en la segunda mitad del siglo XVI, se desprende de las mismas leyes. Para probar esta aseveración, mencionaremos en primer lugar la ley de Felipe II, hecha en Madrid a 25 de enero de 1569, por la cual se dio licencia a los vecinos de las islas de Barlovento para hacer guerra a los indios caribes que las asaltaban, y esclavizar a los que cogiesen, con tal que no fuesen menores de catorce años, ni mujeres de cualquier edad. Todavía existió la esclavitud en años posteriores, y queriendo abolirla de una vez el mismo Felipe II, dio en 8 de febrero de 1588 la siguiente ley: 'Prohibimos y defendemos a los Caciques y Principales tener, vender o trocar por esclavos a los indios que les estuviesen sujetos, y asimismo a los españoles podérselos comprar, ni rescatar, y el que contraviniere, incurra en las penas establecidas por la ley antecedente, quedando libres los indios, que así fuesen tenidos, vendidos o cambiados.'"
JA Saco, Ibid, p. 437
No obstante, tampoco esto supuso el fin de la esclavitud de los indios en las colonias españolas, ya que, vulnerando las disposiciones reales, en muchos casos se siguieron esclavizando. En concreto, en Chile fue donde más duró la esclavitud de los indios, prolongándose hasta finales del siglo XVII.

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