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  Historia de los derechos humanos
Totalitarismos y esclavitud durante el siglo XX
A principios del siglo XX la esclavitud prácticamente había dejado de existir. En unos pocos países continuaba siendo legal, mientras que la gran mayoría ya la había abolido durante el siglo anterior. Como en la actualidad, existían distintas formas y grados de relaciones de servidumbre, pero la esclavitud tradicional, al margen de unos pequeños reductos, parecía que era ya definitivamente un capítulo de la historia pasada.

No obstante, de forma inesperada en distintos lugares y momentos emergió una nueva forma de trabajo esclavo, vinculada a las grandes convulsiones sociales de carácter bélico o revolucionario que se produjeron. De forma paradójica, esto sucedió a veces en el seno de sociedades extraordinariamente cultas, como en el caso de Alemania.

Tras su llegada al poder, el régimen nazi organizó un metódico sistema de campos de trabajo forzado, alimentados primero con la represión interna y luego con las deportaciones procedentes de los países invadidos (no nos ocuparemos ahora de los campos estrictamente de exterminio, ya que a pesar de su estrecha relación con los campos de trabajo su objetivo era ya de entrada obviamente otro; en el complejo de Auschwitz, integrado por distintos campos, los había de los dos tipos).

Información relacionada: Genocidios (dentro de la Historia de la pena de muerte)

El modelo esclavista ideado por el nazismo recoge características de modelos esclavistas anteriores: la esclavitud como derecho del más fuerte o de conquista, la presunta inferioridad de las personas esclavizadas, el derecho absoluto sobre el esclavo, incluso sobre su vida (no importa que el trabajador forzado muera, ya que no hay ninguna dificultad en sustituirlo con nuevos deportados), su justificación como necesidad económica y productiva de los proyectos de desarrollo del Estado, etc.

"Después de 1938, los nazis explotaron cada vez más el trabajo forzado de los 'enemigos del estado', supuestos antisociales y presuntos criminales, para obtener beneficio económico y cubrir la desesperante escasez de mano de obra. (...) Cuando Alemania conquistó Polonia en el otoño de 1939 y estableció el Generalgouvernement, las autoridades de ocupación alemanas exigieron que todos los hombres judíos y polacos realizaran trabajos forzados no remunerado. (...) A comienzos del verano de 1940, las SS regionales y las autoridades civiles de la Polonia ocupada ya explotaban a los judíos en campos especiales de trabajos forzados para judíos bajo la jurisdicción de las SS, las autoridades civiles o militares alemanas. (...) A partir de 1940, las autoridades alemanas arrestaron a civiles polacos, tanto hombres como mujeres, y los deportaron al Reich para que realizaran trabajos forzados en fábricas y granjas alemanas. (...) De 1942 a 1944, los alemanes deportaron a casi tres millones de civiles soviéticos a Alemania, Austria y Bohemia-Moravia para que realizaran trabajos forzados. (...) Los alemanes también deportaron a civiles de otros países europeos ocupados para que trabajaran en el Reich. En agosto de 1944, más de 7.500.000 de trabajadores no alemanes fueron registrados al servicio del Reich; la gran mayoría eran personas que realizaban trabajos forzados."
Los trabajos forzados en profundidad. Enciclopedia del Holocausto
www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10007788 (2010)
Japón también aplicó una política de trabajos forzados en los territorios ocupados durante su expansión imperialista por el sureste asiático, obligando a sus habitantes a trabajar en condiciones de esclavitud en las industrias necesarias para sus proyectos bélicos: la minería, las acerías, las fábricas de armamento y las grandes construcciones.

Junto a las experiencias de Alemania y Japón relacionadas con la explotación laboral en condiciones de esclavitud en campos de concentración, ocupan un lugar principal, tanto por el volumen de población afectada como por su duración, las experiencias de las dictaduras socialistas: el gulag soviético, los laogai chinos y los campos de reclusión de Corea del Norte. En el caso de la Unión Soviética, Alexander Solzhenitsyn, condenado a ocho años de trabajos forzados por sus opiniones antiestalinistas, nos dejó un testimonio descarnado de su experiencia en "Archipiélago Gulag":

"¿Cómo se llega a este misterioso Archipiélago? Continuamente vuelan hacia él aviones, navegan barcos, se arrastran ruidosamente los trenes, pero no llevan ningún letrero que indique el lugar de destino. (...) Y para los que van allí (...) hay una sola y obligatoria forma de llegar: a través del arresto. (...) Ello también se debía a que la gente desconocía el mecanismo de las epidemias de arrestos. Los 'Órganos" casi nunca tenían  sólidas razones para preferir el arresto de alguien en concreto; lo que les importaba era alcanzar las cifras establecidas. (...) no creo equivocarme al afirmar que la 'riada' del 37-38 no fue la única ni la principal, aunque quizás una de las tres más importantes riadas que atascaron las hediondas y tenebrosas tuberías de nuestro alcantarillado carcelario. Antes de ella se produjo la riada de los años 29-30, un buen río Obi, que arrastró a la tundra y a la taiga a unos millones de campesinos. (...) Y después hubo la riada del 44-46, un buen Yenisei: las tuberías del alcantarillado arrastraron 'naciones' enteras y a millones y millones de prisioneros (...)."
Arcipiélago Gulag. Plaza & Janés. Barcelona, 1974 (p. 13, 20, 31)
En el caso de China, los laogai empiezan a funcionar a gran escala tras la Revolución Cultural de 1966. Desde entonces se calcula que han pasado por ellos alrededor de cincuenta millones de personas. Al parecer, los laogai (al igual que los campos de reclusión y trabajos forzados de Corea del Norte), siguen existiendo en la actualidad, alimentados con millones de personas, opositoras reales o imaginarias:
"En el mundo se conocen los campos de concentración nazis y el gulag soviético, pero apenas se sabe nada sobre la articulada complejidad del sistema de campos de trabajos forzados que habían mantenido, y mantienen, encarcelados a millones de ciudadanos chinos en condiciones brutales y deshumanizadoras, y en la mayoría de los casos, sin sentencia ni juicio previo."
Harry Wu, entrevista de Yolanda Monge. Con los juguetes chinos se compra sangre de presos. El País, 26-4-2008 (Harry Wu es escritor y activista de los derechos humanos; estuvo encarcelado desde los 23 hasta los 42 años)
A una escala mucho menor que las grandes redes de campos de trabajos forzados que durante el siglo XX se organizaron en los países mencionados, se pueden situar las colonias penales como las que durante el siglo XIX el Reino Unido mantuvo en Australia y  Francia en la Guyana francesa. A los penales del siglo XIX se enviaba a los condenados por distintos delitos, en teoría con la idea entonces bastante común de que el trabajo forzado no era sólo una pena justa sino también una buena medida para reeducar aquellas personas. Pero de la misma forma que entonces se podía llegar a un penal por delitos objetivos, por ejemplo el asesinato, lo cierto es que también era una vía para deshacerse de personas indeseables, como marginados sociales, desempleados crónicos, alcohólicos, etc.

Durante el siglo XX los sistemas dictatoriales de derechas y de izquierdas manejaron argumentos parecidos, pero la logística que pusieron en marcha y las personas que resultaron afectadas se movieron en una escala hasta entonces absolutamente desconocida: amplios sectores de la sociedad, millones de personas (en ocasiones poblaciones o regiones enteras), se vieron privadas de libertad y obligadas al trabajo forzoso. Los motivos en muchos casos eran completamente arbitrarios, una arbitrariedad que se disfrazará con la oportuna distorsión de las causas por las que se efectuaban las detenciones, calificando a los detenidos según los casos como subversivos, antisociales, criminales o lo que hiciera falta.

Los países que se han mencionado son los más conocidos y los más significativos por el volumen de personas afectadas y por la duración de sus sistemas de trabajo esclavo. Pero no son los únicos. Desgraciadamente, dentro de esta categoría se pueden incluir las experiencias de otros regímenes dictatoriales. Por ejemplo, con los mismos criterios de productividad económica, castigo y desprecio de los condenados, tras la Guerra Civil se organizó en España el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, nombre con el que se bautizó la red de campos de trabajo forzado del franquismo:

"Se trata de la explotación laboral sistemática de centenares de miles de prisioneros políticos republicanos por parte de la dictadura, que les utilizó de hecho como auténticos esclavos prácticamente hasta las mismas postrimerías del franquismo, en concreto hasta el año 1970, cuando todavía algunas empresas privadas españolas tenían a su servicio a presos políticos obligados a realizar trabajos forzados para ver reducidas sus fuertes condenas de cárcel. (...) casi siempre en unas condiciones laborales y de vida infrahumanas, constantemente sometidos a todo tipo de vejaciones y malos tratos, y apenas sin recibir ningún tipo de salario o contraprestación económica, sólo con la esperanza de poder redimir parte de sus casi siempre muy largas condenas de prisión, impuestas mediante el uso y abuso sistemático de la Ley de Responsabilidades Políticas, a través de los trabajos forzados."
Jordi García Soler. Los esclavos del franquismo. El Siglo, 25-3-2002
www.nodo50.org/foroporlamemoria/documentos/esclavos_franquismo.htm (2010)
La esclavitud sexual en los conflictos armados

Decíamos al principio que durante el siglo XX aparecieron renovadas formas de esclavitud. Una de ellas fue la esclavitud sexual a gran escala que se organizó durante el expansionismo alemán y japonés de la Segunda Guerra Mundial: con el objetivo de satisfacer a las tropas, se calcula que alrededor de 34.000 mujeres europeas fueron forzadas por los nazis a dedicarse a la prostitución. Los japoneses aplicaron la misma política, tanto en China antes ya del inicio de la Segunda Guerra Mundial como en los otros países que ocuparon:

"Hasta 200.000 mujeres y niñas fueron obligadas por el ejército japonés a soportar situaciones de esclavitud sexual antes de la II Guerra Mundial y en su transcurso. Las esclavizaron y las violaron reiteradamente durante meses o años. Muchas fueron torturadas y maltratadas –golpeadas, apuñaladas o quemadas con cigarrillos­. La mayoría tenían menos de 20 años; algunas, sólo 12. Humilladas y avergonzadas, las sobrevivientes (llamadas eufemísticamente "mujeres de solaz") guardaron silencio durante decenios. Quedaron muy traumatizadas, y durante más de 50 años la mayoría sufrieron aislamiento, vergüenza, problemas de salud mental y física y pobreza. Un gran porcentaje de ellas no se casaron jamás. Muchas quedaron incapacitadas para procrear debido a lesiones internas o a enfermedades de transmisión sexual."
Amnistía Internacional. Todavía esperando justicia, 22-2-2006
asiapacific.amnesty.org/library/Index/ESLASA220022006?open&of=ESL-JPN (2010)
Este sometimiento humillante, nunca suficientemente resaltado (las autoridades japonesas siempre han intentado minimizarlo, y cuando se ha convertido en un hecho público e innegable han procurado limitar sus responsabilidades, por ejemplo evitando las compensaciones en aquellos casos en los que todavía era posible), forma parte del papel subordinado que todas las sociedades han otorgado a la mujer, y que si en tiempos de paz ya las sitúa en una posición de inferioridad y de dependencia, en tiempos de conflictos armados las convierte, junto con la infancia, en la población más vulnerable:
"Se estima que cerca del 90% de las víctimas de guerra en la actualidad son civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños, en contraste con lo que sucedía hace un siglo, cuando el 90% de los que perdían sus vidas era personal militar. Aunque comunidades enteras sufren las consecuencias de los conflictos armados, las mujeres y las niñas se ven particularmente afectadas debido a su condición jurídica y social y su sexo. A menudo las partes en un conflicto violan a las mujeres, y en ocasiones utilizan las violaciones sistemáticas de las mujeres como una táctica de guerra."
Naciones Unidas. La mujer y los conflictos armados, 2000
www.un.org/spanish/conferences/Beijing/fs5.htm (2010)
Información relacionada: Las niñas; doblemente invisibles y víctimas (dentro de la Historia de la infancia)

Otras esclavitudes

Los campos de trabajos forzados y la esclavitud sexual durante la Segunda Guerra Mundial no agotan, en absoluto, el extenso catálogo de formas de esclavitud que se produjeron durante el siglo XX, o que siguen vigentes en el siglo XXI. Siguen existiendo tanto formas atávicas de esclavitud en algunos países árabes (Sudán, Mauritania), como en otros países distintas formas de esclavitud por deudas (Pakistán, India), secuestros de personas con el fin de someterlas al trabajo forzoso (Brasil), prostitución forzada (en prácticamente todo el mundo, en muchos casos con niñas), etc. Los ejemplos anteriores no son exhaustivos (haría falta una dedicación y un espacio mucho mayores, algo así como una extensa enciclopedia de la esclavitud), de la misma forma que tampoco son exhaustivos los ejemplos de los pocos países reseñados; sólo se facilitan para dar una idea de las dimensiones del problema. En las otras páginas dedicadas a la esclavitud se toca también alguno de estos temas.
 


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