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Androcentrismo y sexismo: causas de un uso incorrecto de la lengua
"El lenguaje, más que palabras. Propuestas para un uso no sexista del lenguaje". Emakunde  / Instituto Vasco de la Mujer. 1988
Todas las miradas, todas las cosmovisiones, están sesgadas por distintos con-dicionantes sociales —etnia, sexo, edad, religión, ideología...—. El Androcentrismo es una forma de mirar, una cosmovisión y, como tal, está sesgada. En este caso, el sesgo es por sexo y proviene de considerar a los hombres como sujetos de referencia y a las mujeres como seres dependientes y subordinados a ellos. El androcentrismo supone, por tanto, considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas. Referirse a “las edades del hombre” cuando se pretende hablar de la evolución de toda la Humanidad es un ejemplo del pensamiento androcéntrico. Detrás de la palabra hombre no sabemos si se está pretendiendo englobar a las mujeres. Si es así, éstas quedan invisibilizadas, y si no es así, quedan excluidas.

El androcentrismo, como cualquier otra cosmovisión o pensamiento sesgado, se refleja en distintos usos de la lengua como veremos más adelante.

Por su parte, el Sexismo es la asignación de valores, capacidades y roles diferentes a hombres y mujeres exclusivamente en función de su sexo, desvalorizando todo lo que hacen las mujeres frente a lo que hacen los hombres, que es lo que está bien, “lo que tiene importancia”.

El lenguaje como transmisor básico de la cultura de un pueblo, refleja e inte-racciona con la realidad de cada momento. Así pues, hacemos un uso sexista y androcéntrico de la lengua porque vivimos en una cultura sexista y androcentrista en la que se valoran las capacidades y funciones atribuidas a los hombres, pero no se reconoce el valor social de aquellas capacidades y funciones que son atribuidas a las mujeres. A través del lenguaje reflejamos esta realidad desigual pero también la reforzamos ya que a pesar de la profunda transformación que ha experimentado el papel social de las mujeres, los mensajes transmitidos siguen mostrando una imagen parcial y las sitúan en una posición subordinada respecto a los hombres. El sexismo no está en la lengua, sino en la mente de las personas.
De hecho, no podemos hablar de “lenguaje sexista” sino de “uso sexista” del lenguaje, ya que la lengua, por su variedad y riqueza, ofrece muchas posibilidades para describir una realidad y para expresar todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar. De esas posibilidades escogemos unas u otras en función de lo que queremos decir y del contexto en el que estemos, pero sobre todo en función de lo que hemos aprendido, de las ideas, conceptos, estereotipos... que nos han sido transmitidos culturalmente, es decir del conocimiento que tengamos de la realidad.

Así, por la amplitud de posibilidades que nos ofrece la lengua y por la libertad que tenemos de elegir entre ellas, podemos expresar:

• Una realidad sexista... (la existencia de muy pocas mujeres en puestos de responsabilidad)... de forma sexista o no sexista.

SEXISTA: “El Consejo Rector consta de doce consejeros”.
NO SEXISTA: “El Consejo Rector consta de dos consejeras y diez consejeros”.

• Una realidad no sexista... (un hombre y una mujer comparten la licencia para el cuidado de su hija recién nacida) ... de forma sexista o no sexista.

SEXISTA: “Los padres de Ana han compartido el permiso de maternidad”.
NO SEXISTA: “La madre y el padre de Ana han compartido el permiso de maternidad-paternidad”.

Por tanto, todas y todos podemos hacer un uso correcto de la lengua y expresar lo que queremos con mayor precisión. La lengua dispone de los elementos necesarios, sólo tenemos que escoger los adecuados.