Amnistia Internacional Catalunya, Grup d'educació
 Educación y derechos humanos
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¿Qué significa para Amnistía Internacional la educación en derechos humanos?

Kate Moriarty. Coordinadora Internacional de Educación en Derechos Humanos. Amnistía Internacional (1)
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La educación en derechos humanos pretende abordar la cuestión de los derechos humanos antes de que éstos se conviertan en un problema. Su objetivo es dar a conocer las normas de derechos humanos, fomentar la reflexión sobre el sistema de valores de nuestras sociedades y el análisis de las bases éticas y morales de la legislación en materia de derechos humanos y recordar a los receptores de la educación la necesidad imperativa de garantizar que a ningún ser humano se le nieguen los derechos fundamentales que establece la Declaración Universal de Derechos Humanos.

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La educación en derechos humanos se ocupa, entre otras cosas, de informar sobre los instrumentos internacionales de derechos humanos; su objetivo es dar a conocer a las personas las normas legales que existen, su contenido y categoría jurídica. Pero la educación en derechos humanos no se limita a impartir conocimientos sobre derechos humanos. Fundamentalmente trata de cambiar actitudes y comportamientos y desarrollar en las personas nuevas aptitudes que les permitan pasar a la acción. Como se resume en el documento de Amnistía Internacional, HRE in Practice:

La Educación en Derechos Humanos (EDH) es una de las herramientas que existen para poner en práctica la teoría de los derechos humanos. Estos derechos son inalienables, pero eso no significa que todas las personas comprendan (a) que tienen estos derechos o (b) los complejos problemas que llevan aparejados. La EDH puede ayudar a las personas a entender la teoría de los derechos humanos y a integrarla en su vida cotidiana, a saber defender sus propios derechos y a aprender cómo actuar para defender los derechos de otras personas.
(Ibíd p.2)
Los derechos humanos corren el riesgo de quedarse en meros conceptos abstractos sin ningún significado real a menos que se aliente a las personas a reflexionar sobre ellos individualmente o en grupo y a establecer el vínculo entre los derechos humanos y su vida. En el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos se establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Como declaración moral todos la defendemos, pero en la realidad vemos que en nuestras comunidades, en nuestras sociedades y en el mundo en general esta declaración se convierte en un mero concepto abstracto a menos que a través de nuestra forma de pensar y actuar seamos capaces de dotarlo de vida y significado.

El contexto social específico en el que crecemos y vivimos condiciona nuestra visión del mundo; sea cual sea nuestra identidad, todos tenemos ideas preconcebidas, y sin empatía ni reflexión podemos olvidar fácilmente que todas las personas deberían nacer libres e iguales en dignidad y disfrutar de la totalidad de los derechos humanos. La educación en derechos humanos intenta trasladar estos conceptos abstractos a la realidad y permitir que las personas puedan darles un significado en sus propias vidas y conectar así su experiencia con las dificultades que sufren otras personas.

Para Amnistía Internacional, la educación en derechos humanos intenta comprometer a las personas y animarlas a ser ciudadanos activos en materia de derechos humanos, algo que se consigue a través de un proceso de autorreflexión crítica.

Si todos estamos igualmente condicionados por nuestra experiencia, no podemos limitarnos a informar a la gente de que sus opiniones son erróneas. Debemos embarcarnos en un diálogo con ellos, animarlos a dar un paso atrás y a preguntarse de dónde proceden sus opiniones y creencias y para qué sirven. Por ejemplo, en todas las sociedades existe la discriminación, aunque por supuesto la forma y el grado de discriminación pueden variar; en algunas comunidades la discriminación puede basarse en la etnia o en la religión, en otras en el sexo, género u orientación sexual. Sea cual sea su forma, los estereotipos y prejuicios que causan la discriminación con frecuencia están tan profundamente enraizados en nuestras culturas que nosotros mismos no somos conscientes de por qué tenemos estas creencias o de que actuamos de un modo discriminatorio. Al analizar estas actitudes, podemos darnos cuenta de que estas prácticas existen porque alguien se beneficia de ellas, que alguien sufre por su causa y que nosotros podemos aprender a cambiar la situación.

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La educación en derechos humanos, a través de sus diferentes métodos y técnicas, fomenta la reflexión sobre las creencias y formas de actuar adquiridas a lo largo de la vida. No se limita a sensibilizar a las personas sobre los problemas de derechos humanos, aunque desde luego éste es un trabajo muy valioso, sino que exige a los individuos implicados que cuestionen sus propias actitudes y, si es necesario,  modifiquen su comportamiento. La educación en derechos humanos de Amnistía Internacional se dirige tanto al perpetrador como a la “víctima”, animando al uno a cuestionar su comportamiento y cambiar su forma de actuar y confiriendo a la otra un nuevo poder a través del conocimiento. La educación en derechos humanos ofrece la posibilidad de cuestionar, debatir y analizar de un modo seguro opiniones e ideas profundamente enraizadas, y brinda la oportunidad de trabajar sobre los valores individuales, locales y globales.

Estos factores diferencian la educación en derechos humanos de la sensibilización en derechos humanos, que acompaña gran parte de las actividades de campaña de AI. Si bien es cierto que los proyectos y los programas educativos en materia de derechos humanos varían en cuanto a profundidad, duración y contenido, generalmente forman parte de un proceso más largo que busca activamente comprometer al alumno convirtiéndolo en parte activa del proceso pedagógico, en lugar de considerarlo como un mero receptor de información.

Si volvemos al debate mencionado sobre la distinción entre educación en derechos humanos y sensibilización en derechos humanos, quizá el mejor modo de hacer la distinción es imaginar un continuo entre la forma más simple de educación en derechos humanos (por ejemplo, el suministro de información básica de derechos humanos a través de un póster o material de acción) y los proyectos educativos más generales (formación en profundidad a largo plazo en relación con los valores de derechos humanos). Dónde comienza una parte y dónde acaba la otra no es una ciencia exacta, es una cuestión de opinión y en ocasiones depende del grupo que se elija como objetivo, de los recursos disponibles y de otros factores.

Al promover la educación en derechos humanos, en Amnistía Internacional destacamos los siguientes principios clave en relación con nuestra labor, a saber:


(1) Kate Moriarty (Coordinadora Internacional de Educación en Derechos Humanos, Amnistía Internacional). Apartado del artículo "Crear ciudadanos activos en el campo de los derechos humanos: El papel de la educación en derechos humanos dentro de Amnistía Internacional". Publicado en: Tarbiya, revista de investigación e innovación educativa. Nº 35 ("La educación en derechos humanos"), 2n. semestre 2004. Universidad Autónoma de Madrid, Instituto Universitario de Ciencias de la Educación.